Recibamos la Luz

 

El pueblo que yace en las tinieblas ha visto gran luz” (Mateo 4, 16).

Lo he dicho ya muchas veces: dediquémonos al estudio de las Santas Escrituras, los Salmos y los textos patrísticos. Y hagámoslo con amor. Busquemos en el diccionario cada palabra y leámosla correctamente, con claridad y tratando de entender todo. Investiguemos cuántas veces aparecen determinadas palabras en la Biblia, por ejemplo, la palabra “humildad”. La luz de Cristo rebosará sobre nosotros. Y así estaremos realizando lo que dice el Evangelista Mateo: “el pueblo que yace en las tinieblas ha visto gran luz” (Mateo 4, 16).

Esta luz es la luz no-creada de Cristo. Si alcanzamos esta luz, conocermos la Verdad. Y la Verdad es Dios. Dios lo sabe todo. Para Él, todo es conocido, luminoso. El mundo es obra Suya. Él ilumina este mundo con Su luz no-creada. Dios es la misma luz. Es luz, porque se conoce a Sí Mismo. Nosotros no nos conocemos a nosotros mismos, por eso vivimos en la oscuridad. Cuando dejamos que la luz nos inunde, participamos de Dios. Si esto no ocurre, puede que tengamos otras luces, miles de ellas, pero no tendremos la Luz. Cuando nos unimos con Él, Cristo nos hace luminosos. Y a cada uno nos da la Luz primordial. Aceptémosla, al menos. Con esto alcanzaremos también una fe más profunda.

(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003, pp. 236-237)