Salir del mundo para salvarnos

 

Lo mismo ocurre con el cristiano que quiere salvarse sin salir del mundo. Sus esperanzas son buenas. Da señales de vida espiritual, pero, mientras no salga de la cáscara del mundo, todo será en vano.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Recuerdo que una vez, siendo yo apenas un niño, me entretuve mucho viendo unos huevos de gallina que estaban por romperse. Mi mamá los trajo del corral y los colocó delicadamente en el piso de la casa; a un lado, yo contemplaba admirado cómo iban saliendo, poco a poco, los polluelos. Pero había uno que no podía salir. Se afanaba en romper la cáscara, pero no lo conseguía. El huevo se movía de aquí para allá, y todos en la casa nos reíamos viendo la escena. Pero el polluelo estaba vivo. Daba señales de vida, pero le faltaba la vida verdadera, encerrado en esa cáscara de huevo.

Lo mismo ocurre con el cristiano que quiere salvarse sin salir del mundo. Sus esperanzas son buenas. Da señales de vida espiritual, pero, mientras no salga de la cáscara del mundo, todo será en vano. No tendrá la vida verdadera y no podrá crecer en el Señor.

(Traducido de: Preotul Iosif TrifaSă creștem în Domnul!, Editura Oastea Domnului, Sibiu, 2010, p. 20)