Somos libres de elegir entre la ley del cuerpo y la ley del espíritu

 

El cuerpo quisiera tomar lo que pertenece a los otros, y el espíritu darle todo lo suyo a los más necesitados. El cuerpo busca satisfacer sus placeres, mientras que el espíritu pretende la pureza. El cuerpo quiere imponer su voluntad, mientras que el espíritu lo que quiere es hacer la voluntad de Dios. Somos libres de elegir cuál ley cumplir: la ley del cuerpo o la ley del espíritu, pero es nuestro deber pensar en las consecuencias de esa elección.

Entre estas leyes existe una lucha permanente: lo que uno quiere, el otro lo desprecia, lo que quiere el cuerpo, el espíritu lo rechaza.

El cuerpo busca la soberbia, la exaltación, el elogio, mientras que el espíritu procura la humildad.

El cuerpo quiere glorificación y honores, mientras que el espíritu todo lo considera insignificante (Filipenses 3, 8).

El cuerpo llama al descanso, pero el espíritu lo que quiere es velar y esforzarse.

El cuerpo busca la pereza, le atrae la bebida y el jolgorio, mientras que el espíritu es sobrio, porque busca el ayuno y alcanzar la contrición a través de las lágrimas.

El cuerpo busca vengarse de sus enemigos, mientras que el espíritu llama a amarlos y a hacerle el bien a quienes lo odian.

El cuerpo quisiera tomar lo que pertenece a los otros, y el espíritu darle todo lo suyo a los más necesitados.

El cuerpo busca satisfacer sus placeres, mientras que el espíritu pretende la pureza.

El cuerpo quiere imponer su voluntad, mientras que el espíritu lo que quiere es hacer la voluntad de Dios.

De la misma manera y en relación a los demás aspectos, el cuerpo y el espíritu se oponen uno al otro.

(Traducido de: Sfântul Tihon de Zadonsk, Lupta dintre carne și duh, Editura Egumenița, Galați, 2011, pp. 10-11)