Tenemos que entender que la vida es una lucha permanente

 

¡Si tan solo pudiéramos entender el sentido del mal que nos tienta, para hacer de este conocimiento el fundamento de nuestra vida!

“Y serán arrojados (quienes cometen maldades e injusticias) al fuego del horno; allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces, los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre”. Así tendrá lugar la separación del bien y el mal, de la luz y la oscuridad. Hoy, todo ello está entremezclado. Así lo dispuso Dios, para que la libertad que el hombre tiene por naturaleza creciera y se fortaleciera en el bien, por medio de la lucha contra el mal. Al mal se le permite que luche contra el hombre, tanto desde afuera como por dentro. Pero este (el mal) no decide la suerte del hombre, sino que solo lo tienta. El que se sienta tentado no debe caer, sino luchar. Y, quien salga vencedor, avanzará y crecerá, hasta volver a encontrarse con otra tentación… y así sucesivamente, hasta el fin de sus días. ¡Si tan solo pudiéramos entender el sentido del mal que nos tienta, para hacer de este conocimiento el fundamento de nuestra vida!

Los que luchan son coronados, finalmente, pasando a la vida eterna, en donde no hay ni dolor, ni tristeza, y en donde se asemejan a los ángeles de Dios, por la pureza que brota desde su interior, sin la intromisión de algún movimiento o pensamiento de tentación. De esta forma se prepara el triunfo del bien y la luz, que se mostrará con toda su gloria cuando suceda el fin del mundo.

(Traducido de: Sfântul Teofan ZăvorâtulTâlcuiri din Sfânta Scriptură pentru fiecare zi din an, Editura Sophia, București, pp. 116-117)