Palabras de espiritualidad

Tenemos que hacer todo lo posible por mantener una conciencia limpia

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Esta fe viva en la existencia más allá de la muerte, en una vida eterna y bienaventurada fue la que animó a la incontable multitud de mártires en los primeros siglos del cristianismo e hizo que la muerte fuera para ellos motivo de la más profunda alegría, a pesar de sus terribles tormentos.

El hombre que tiene la conciencia limpia podrá cruzar en paz el umbral de la eternidad —la muerte corporal—. Un hombre así podrá decir serenamente, junto con el justo el justo Simeón: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra” (Lucas 2, 29).

Pero ¿quién puede tener la conciencia verdaderamente en paz? Aquel que se ha esforzado por vivir auténticamente como cristiano, que ha sido un hijo obediente de la Iglesia, que se ha reconciliado con Dios y con los hombres, que se ha preparado para la muerte por medio del Sacramento de la Contrición, el cual quita el peso de los pecados que oprimen la conciencia, y que ha gustado el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Sacramento de la Comunión.

Teniendo una fe viva en esta verdad, el cristiano no solo no temerá la muerte, sino que incluso la recibirá con alegría cuando llegue a él. Esta fe viva en la existencia más allá de la muerte, en una vida eterna y bienaventurada fue la que animó a la incontable multitud de mártires en los primeros siglos del cristianismo e hizo que la muerte fuera para ellos motivo de la más profunda alegría, a pesar de sus terribles tormentos.

(Traducido de: Arhimandritul Chiril Pavlov, Lauda Maicii Domnului, Editura Egumenița, Galați, 2012, p. 19)

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