Todo el bien que nos da la Madre del Señor
Hemos venido a este mundo como seres que honran a la Madre de Dios. Y hemos vivido a lo largo de nuestra vida con el pensamiento puesto en la Madre de Dios.
Todas las alegrías de nuestra fe, todas las alegrías cristianas: la alegría por nuestro Señor Jesucristo, la alegría por la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, la alegría que brota del Sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, la alegría de la Resurrección de nuestro Señor Jesuristo, la alegría de Su Ascensión a los cielos, la alegría ante el pensamiento de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, la alegría por todo lo que sabemos acerca de Él, la alegría de la Santa Liturgia que Él nos dejó, la alegría de la Sagrada Comunión con los Santos Misterios, con el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo—todo esto, de algún modo, nos viene por medio de la Madre de Dios. Así, el nacimiento de la Madre de Dios anunció alegría para todo el mundo.
Nosotros veneramos a la Madre de Dios. ¿Por qué la veneramos, por qué la recordamos, por qué la exaltamos? La primera respuesta a estas preguntas es: “¡Porque así nos lo enseña nuestra Iglesia!”. Así hemos sido formados. Hemos venido a este mundo como seres que honran a la Madre de Dios. Y hemos vivido a lo largo de nuestra vida con el pensamiento puesto en la Madre de Dios.
(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Maica Domnului – Raiul de taină al Ortodoxiei, Editura Eikon, 2003, p. 33)
