Un decálogo para quien ha alcanzado la vejez
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Sé agradecido con Dios, glorificado en la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; con la Santísima Madre de Dios y con todos los santos, por el don de la vida, y no dejes de dirigirles tus oraciones hasta el momento de partir de este mundo.
- Da gracias a Dios, el Anciano de Días, por la longevidad con la que te ha bendecido.
- Recibe en tu alma a Cristo, nuestro Señor, así como en otro tiempo el justo Simeón lo llevó en sus brazos, para que desde ahora puedas gozar del Reino de los Cielos.
- Ruega al Señor que no te abandone en la vejez, cuando las fuerzas te falten y quienes te rodean se aparten de ti.
- Da testimonio a quienes te rodean de todo el bien que Dios ha obrado en los años de tu vida, y enséñales, a partir de tu propia experiencia, aquello que es bueno y provechoso.
- Mira el ejemplo de vida de los justos y rodéate de personas sabias y fieles que caminan por los caminos del Señor.
- Persevera en tu crecimiento espiritual y en la adquisición de la santa devoción, que es la llave que abre la puerta del Reino de los Cielos.
- No apegues tu corazón a los bienes materiales. Si en tu vida has multiplicado los talentos que Dios te confió, destínalos a los pobres, a los huérfanos y a las viudas, para atesorar una riqueza eterna.
- No te dejes seducir por la amistad de quienes solo se interesan por los pocos bienes que has acumulado, para que no pierdas la paz en tu tránsito hacia la otra vida.
- Sé agradecido con Dios, glorificado en la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; con la Santísima Madre de Dios y con todos los santos, por el don de la vida, y no dejes de dirigirles tus oraciones hasta el momento de partir de este mundo.
- Pide siempre a Dios, en la oración, que tu retorno a la tierra de la que fuiste tomado sea sin dolor y se convierta para ti en un gozo pascual que no tenga fin.
Fuente: arhiepiscopiasucevei.ro
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