Un ejercicio de salud espiritual que hay que repetir a diario
Yo mismo he aferrado a estas palabras por las oraciones del anciano. Fuera de esto, no considero que haya orado ni hecho nada digno de mención; pero tengo esperanza.
Yo creo que hacer la Señal de la Cruz sobre la almohada antes de dormir no es algo insignificante. El anciano Selafiel me repetía muchas veces que, si perdonas a todo hombre de tal manera que puedas decir: “Señor, yo los he perdonado; ahora perdóname también Tú, porque así lo has dicho”, y haces la Señal de la Cruz sobre la almohada diciendo: “En Tus manos encomiendo mi alma; ten misericordia de mí, bendíceme, concédeme la vida eterna”, entonces Dios, decía el anciano, incorporándose un poco en su asiento, “¡he aquí que te perdona!”.
El padre repetía que quien pronuncia estas palabras, si muriera esa misma noche, se salva, porque se ha confiado enteramente a Dios.
Yo mismo he aferrado a estas palabras por las oraciones del anciano. Fuera de esto, no considero que haya orado ni hecho nada digno de mención; pero tengo esperanza.
(Traducido de: Ieromonahul Savatie Baştovoi, Dragostea care ne sminteşte, Editura Marineasa, Timişoara, 2003, p. 151)
