Palabras de espiritualidad

Un excelso modelo de fe

  • Foto: Veronica Gradinariu

    Foto: Veronica Gradinariu

“Es mejor morir con mi fe antes que renunciar a ella y seguir viviendo en esta vida”.

Una fe semejante, una fe que ni siquiera el pensamiento de la muerte, ni la posibilidad de morir, pudiera hacer tambalear, fue también la que tuvo San Constantino Brâncoveanu. Él recibió el nombre de Constantino en honor de San Constantino el Grande. Como todos sabemos, San Constantino Brâncoveanu llegó al momento en que tuvo que dar testimonio de su fe. Tuvo una fe inquebrantable, una fe que contemplaba las realidades eternas; y, porque se había encontrado con el Señor Jesucristo, se apartó de las cosas de este mundo, de esta vida terrenal, y dijo: “Es mejor morir con mi fe antes que renunciar a ella y seguir viviendo en esta vida”.

Entonces fue puesto ante una situación que, creo, nadie más haya tenido que afrontar en este mundo: trajeron a sus cuatro hijos y, delante de él, les cortaron la cabeza, para después martirizarlo también a él. Al ver cómo sus hijos morían por la fe, no vaciló en lo más mínimo, sino que permaneció firme en ella. Por supuesto, quizá otros habrían dicho: “Si así están las cosas, más vale que renunciemos a nuestra fe, vivamos nuestra vida; Dios sabrá qué habrá después... Dios nos perdonará...”. Pero él no dijo eso. Permitió y soportó que sus hijos murieran delante de sus ojos, que les cortaran la cabeza y, después, también a su yerno.

Esto es lo que significa tener una fe inquebrantable. Nosotros estamos muy lejos de alcanzar una fe semejante, y debemos reconocerlo. Sin embargo, conformémonos también con aquello que somos capaces de hacer, con la fe que tenemos; agradezcamos a Dios por ella, esperemos alcanzar una fe mayor y pongamos en práctica las obras de la fe.

(Traducido de: Părintele Teofil PărăianLumini de gând, Editura Antim, 1997, pp. 300-301)



 

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