Palabras de espiritualidad

Un Manto Protector para las familias cristianas

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

“Oh, Madre de Dios, trae la paz a nuestro hogar; trae la paz a papá, a mamá, a nuestros hijos y a los demás, y dales entendimiento, amor y consuelo”.

En algunas casas, según llega a nuestros oídos, hay una gran turbación. El esposo no se lleva bien con su esposa, los hermanos no se quieren; se pelean, se demandan unos a otros, discuten, y hay un gran desorden.

Y entonces, al ver la pobre madre tanta agitación en su familia —o el padre, o el abuelo, que es más creyente— toma un Acatisto de la Madre de Dios, se arrodilla a solas en algún lugar de la casa y comienza a orar:

“Oh, Madre de Dios, trae la paz a nuestro hogar; trae la paz a papá, a mamá, a nuestros hijos y a los demás, y dales entendimiento, amor y consuelo”.

Y así es como se va el odio, se disipan la ira, la turbación y el deseo de venganza, y la familia recobra la paz.

¿Gracias a quién? La Madre de Dios, con su misericordia y su compasión, hizo descender la misericordia de Dios sobre aquellas almas que la invocan en busca de auxilio.

(Traducido de: Ne vorbește Părintele Cleopa 8, Ediția a III-a, Ediţie îngrijită de Arhimandrit Ioanichie Bălan,  Editura Mănăstirea Sihăstria, Vânători-Neamț,  2010, p. 95)