Un mundo que ama el pecado
En el mundo actual se han instalado los pecados, los deseos y los placeres, revistiéndolos con apariencia de normalidad.
El drama del mundo contemporáneo consiste en que ha renunciado con demasiada facilidad a los principios que antaño le daban una profunda motivación, a los valores que otorgaban un sentido elevado a la vida y le ofrecían plenitud; ha invertido irracionalmente su jerarquía, sustituyendo los valores espirituales por falsas riquezas materiales.
Se ha desprendido de los valores y de las virtudes, considerando que ya no tienen lugar en un mundo democratizado y liberalizado como aquel en el que vivimos hoy; y en el vacío que quedó en su lugar, se han instalado los pecados, los deseos y los placeres, revistiéndolos con apariencia de normalidad.
En lenguaje espiritual podríamos decir que las virtudes están hoy cada vez menos encarnadas, quizá también debido a la dificultad y al esfuerzo que exige seguirlas; mientras que el pecado, sentido antes como una grave desviación del sentido de la vida, ha pasado a formar parte de su normalidad y de su cotidianidad.
(Traducido de: Pr. prof. dr. Ioan C. Teşu, Familia contemporană, între ideal şi criză, Editura Doxologia, Iaşi, 2011, pp. 235-236)
