Una historia de conversión
Era un hombre humilde, lleno de temor de Dios, compungido y manso. Su nueva vida fue de provecho espiritual para muchos y, siendo agradable a Dios, partió hacia la eternidad en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Había cierto bufón en la ciudad de Tarso de Cilicia, llamado Vavila, que tenía dos mujeres: una se llamaba Comita y la otra, Nicosa.
Este hombre llevaba una vida impura, haciendo cuanto agradaba a quienes sirven al demonio. Pero, en cierta ocasión, entró en una iglesia y, por disposición de la Divina Providencia, sucedió que se estaba leyendo en el Evangelio aquel pasaje donde está escrito: “Arrepentíos, porque el Reino de los Cielos está cerca”.
Al oír estas palabras, su corazón se abrió al arrepentimiento, y comenzó a llorar y a reprocharse a sí mismo las malas acciones que había cometido. Inmediatamente después, salió de la iglesia, llamó a sus dos mujeres y les dijo:
—Ustedes saben cómo he llevado una vida impura junto a ustedes. Pues bien, les entrego los bienes que les había prometido y, además, les doy también mi parte. Repartan, por tanto, todo entre ustedes por partes iguales, pues yo, de ahora en adelante, lo dejaré todo, renunciaré a cuanto poseo y me marcharé para hacerme monje.
Al oír estas palabras, ambas le respondieron como si tuvieran una sola voz:
—Si hemos compartido contigo la vida de pecado y la perdición del alma, ¿acaso ahora, cuando quieres hacer algo que agrada a Dios, nos vas a abandonar? ¿Acaso quieres salvarte tú solo? ¡De ninguna manera te dejaremos! También compartiremos contigo esta bendita decisión.
Al oír esto, Vavila se marchó, abrazó la vida monástica y se encerró en una torre de la ciudad. Ellas, por su parte, vendieron todos sus bienes y los repartieron entre los pobres. Después, se vistieron con ropas oscuras de luto, construyeron una pequeña celda cerca de la torre y se recluyeron allí.
Vavila era un hombre humilde, lleno de temor de Dios, compungido y manso. Su nueva vida fue de provecho espiritual para muchos y, siendo agradable a Dios, partió hacia la eternidad en Cristo Jesús, nuestro Señor.
(Traducido de: Proloagele, volumul I, Editura Bunavestire, p. 521)
