Vivamos en la Gracia, para no sufrir las embestidas del mal
La Gracia de Dios necesita una base sobre la cual obrar: el amor y la humildad. Si vivimos en la Gracia, el mal no nos alcanzará.
Mantengamos en todo momento el recuerdo de Dios en nuestra mente. Así, esta adquirirá fortaleza. La fortaleza de la mente nace de la vigilancia espiritual. La vigilancia espiritual es el amor a Dios. Consiste en tener siempre a Cristo en la mente y en el corazón, incluso cuando nos ocupamos de otras tareas. Es necesario amar a Cristo y tener fervor por Él.
También es importante pensar en la muerte, practicando la oración “Señor Jesucristo…”, las oraciones de la Iglesia y los himnos, rememorando las obras de Dios y pasajes de la Sagrada Escritura y de otros libros espirituales.
Esto, ciertamente, requiere una inclinación hacia el bien; no se consigue por la fuerza, sino, ante todo, con la Gracia Divina. Sin embargo, la Gracia de Dios necesita una base sobre la cual obrar: el amor y la humildad. Si vivimos en la Gracia, el mal no nos alcanzará. Si no vivimos conforme a las realidades divinas, el mal nos rodeará, el desánimo y la apatía se apoderarán de nosotros y sufriremos.
(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003, p. 238)
