Palabras de espiritualidad

¿Acaso podemos permitirnos desfallecer en esta lucha?

  • Foto: Bogdan Bulgariu

    Foto: Bogdan Bulgariu

¡Tened ánimo; yo he vencido al mundo!” (Juan 16, 33).

Es estremecedor pensar que los hombres prefieran cualquier cosa de este mundo antes que la gloria eterna que el Hijo, coeterno con el Padre, nos ofrece Él mismo.

¿Será acaso la debilidad de nuestro corazón la que nos impide creer en la sublime vocación a la que hemos sido llamados? ¿Será que nuestra naturaleza, que día tras día vemos ser consumida por la corrupción, es realmente capaz de percibir aquella santa y sublime eternidad?

Sí, lo es. Aquel que nos creó da testimonio de ello. Él asumió la naturaleza de la criatura que Él mismo había formado, para mostrarnos, como hombre y en nuestra propia carne, la perfección del Padre, a la cual todos hemos sido llamados.

¡Tened ánimo; yo he vencido al mundo!” (Juan 16, 33).

Si Él venció al mundo, significa que, como hombre, se alzó por encima del mundo. Y todo el que cree en Él, venciendo “la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7, 23), llega a ser semejante a Él, alzándose también por encima del mundo.

(Traducido de: Arhimandritul Sofronie, Rugăciunea – experienţa vieţii veşnice, Editura Deisis, Sibiu, 2001, p. 99)


 

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