Palabras de espiritualidad

Al atravesar la puerta del monasterio, el pasado del hombre queda atrás

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

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La vida monástica no es un rango eclesiástico ni una dignidad, sino un acto de humildad, de sacrificio y de arrepentimiento.

Ante todo, entre las normas de la vida monástica se encuentra esta: el pasado de quien llega a la puerta del monasterio y desea hacerse monje no le interesa a nadie. No existe ningún obstáculo ni impedimento que le impida incorporarse a la comunidad de los moradores del monasterio y vestir el hábito monástico. La vida monástica no es un rango eclesiástico ni una dignidad, sino un acto de humildad, de sacrificio y de arrepentimiento. Cualquier persona puede venir a la contrición; nadie puede ponerle obstáculos. Por lo tanto, su pasado no es un impedimento para entrar por la puerta de la renuncia total de sí mismo, por la puerta de todas las renuncias, por la puerta del sacrificio, de la entrega y del servicio a todos los hombres.

(Traducido de: Nicolae Steinhardt, Jurnalul fericirii, Editura Mănăstirii Rohia, Rohia, 2005, p. 7)

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