Algo que todos tendríamos que tomar en cuenta
Lo principal es que para nosotros “la afrenta sea como el honor; la carencia, como la abundancia; la pérdida, como la ganancia, y los extraños, como nuestra familia cercana”.
Me mucho impresionó el hecho de que un antiguo preso político, cuando comenzó a hablar en una actividad festiva, antes que nada dijo en voz alta: “Señor, ayúdame a no equivocarme”. Erramos nosotros mismos, y también otros lo hacen respecto de nosotros. Lo principal es que para nosotros “la afrenta sea como el honor; la carencia, como la abundancia; la pérdida, como la ganancia, y los extraños, como nuestra familia cercana”. Si llegamos a esta medida, habremos alcanzado la apatheia y seremos felices.
Un padre de nuestro monasterio decía: “Has de saber que Dios no te dará ninguna recompensa, porque a ti te gusta estar aquí en el monasterio”. Pues sí, me gusta. Es verdad que me gusta. Pero no me quedo buscando una retribución, si de eso se trata. Vienen a verme algunas personas en busca de una palabra de provecho. Desde hace un tiempo, ¿saben qué palabras de provecho les digo? “Amémonos unos a otros, para que con un mismo sentir podamos dar testimonio”. Son palabras de la Divina Liturgia. O también les digo: “En esto conocerán los hombres que son Mis discípulos: si se aman los unos a los otros”.
Les repito también una frase que considero importante que otros recuerden: “Primero está el deber y después viene la alegría”. Es decir, primero cumplimos con nuestro deber y, después del deber, viene la alegría. Muchas veces les digo a algunas personas que tienen un nombre especial: “¡Que tu vida sea como tu nombre!”. Por ejemplo, si alguien dice que se llama Modesto, le digo: “¡Que tu vida sea como tu nombre!”.
(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, pp. 196-197)
