Palabras de espiritualidad

¡Con amor, honremos todos a la Madre del Señor!

  • Foto: Doxologia

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Por el poder de Dios tenemos la alegría de ser veneradores de la Madre de Dios.

Para nosotros es una gran alegría ser veneradores de la Madre de Dios, pero debemos saber que la verdadera veneración de la Madre de Dios proviene de Dios mismo. Tales maravillas de los oficios litúrgicos, expresiones tan sublimes de honor hacia la Madre de Dios, solo pudieron ser compuestas por el Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien nos mueve a venerar a la Madre de Dios.

Pedimos ayuda para honrar a la Madre de Dios precisamente a la misma Madre de Dios. En el Santo Sacramento de la Unción hay una oración dirigida a ella en la que decimos:

A ti, purísimo palacio del Rey celestial, a ti que eres digna de toda alabanza, te suplico: guarda mi mente, manchada por toda clase de pecados, y haz de ella una morada hermosamente adornada para la Santísima Trinidad, para que, habiendo sido salvado yo, tu indigno siervo, pueda alabar y engrandecer tu poder y tu misericordia sin medida”.

Así pues, cada uno de nosotros, al presentarse ante la Madre de Dios, se considera un siervo indigno y le pide una gracia: que nos ayude a purificar nuestra mente de toda clase de pecados, para llegar también nosotros a ser moradas de la Santísima Trinidad. Y esto, para poder exaltar y engrandecer el inmenso poder de la Madre de Dios.

Por el poder de Dios tenemos la alegría de ser veneradores de la Madre de Dios.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Maica Domnului – Raiul de taină al Ortodoxiei, Editura Eikon, 2003, pp. 53-54)