Contigo siempre en mi mente, Señor
En nuestros sudores y fatigas, en los campos y en las fábricas, en las oficinas, en las empresas y dondequiera que nos encontremos, tengamos a Dios en la mente.
Hermanos, trabajemos con amor; trabajemos, pero teniendo a Dios en la mente. Nadie puede permanecer ocioso. Trabajemos, esforcémonos, sudemos, pues así lo tenemos mandado desde el principio, porque dice: «Con el sudor de tu frente ganarás tu pan» (Génesis 3,19).
Por eso, en nuestros sudores y fatigas, en los campos y en las fábricas, en las oficinas, en las empresas y dondequiera que nos encontremos, tengamos a Dios en la mente. Mantengámonos cerca de Cristo, y veremos cómo con Él todo lo podemos. Esto es lo que dice el Apóstol Pablo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4,13). Y sin Él, nada podemos hacer.
(Traducido de: Arhimandritul Cleopa Ilie, Îndrumări duhovnicești pentru vremelnicie și veșnicie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2004, p. 163)
