Palabras de espiritualidad

Cristo, la Vida

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Translation and adaptation:

El Dios-Hombre es la Vida y el criterio de la Vida. Todo lo que no es Suyo es mortal.

¿Qué es la vida, la vida verdadera y real? ¿Cuál es la medida de la vida? Nuevamente, la Persona del Dios-Hombre, Cristo, y no Su doctrina separada de Su Persona vivificadora y milagrosa. Ningún hombre se ha atrevido jamás a decir: “Yo soy la vida”, porque todo hombre es mortal.

Pero el Dios-Hombre dijo con determinación: “Yo soy la Vida” (Juan 14: 6). Y lo dijo con toda razón, porque Él venció a la muerte con Su Resurrección y se nos reveló eternamente vivo, con Su ascensión al Cielo para permanecer a la diestra del Padre.

Por esta razón, el Dios-Hombre es la Vida y el criterio de la Vida. Todo lo que no es Suyo es mortal. En Él, la Vida tiene una “Palabra” y una lógica, porque tiene su propia eternidad divina. En Su calidad de ser eternamente el Logos Divino, Él es la vida y la luz de los hombres (Juan 1:4), porque la vida es vida por medio Suyo. Allí donde Él no está, la vida se transofmra en muerte, porque Él es el único que hace que la vida sea vida. Entonces, apartarse de Él, Quien es la vida, siempre significa morir. En consecuencia, el Logos y la lógica de la vida encuentran su única justificación lógica posible sobre la vida humana en la categoría del tiempo y el espacio.

La vida eterna se une y se conserva con el bien eterno, la justicia, la verdad, la sabiduría y la luz eterna. Cuando el Señor declaró: “Yo soy la Vida”, también estaba diciendo esto de Sí Mismo: Yo soy el Bien, la Justicia, la Verdad, la Sabiduría y la Luz. Y es que Él reúne en Su Persona todo eso. Él es, de igual forma, el criterio supremo de todo. Por medio de Su Persona perfectísima, el Dios-Hombre, Quien no tiene mancha alguna, representa para la humanidad el único criterio infalible de la vida, el bien, la justicia, la verdad, la sabiduría y la luz. En conjunto, el Dios-Hombre es el valor supremo, el más desearrollado, el único valor eterno y, en consecuencia, el criterio perfecto y supremo de la verdad, la vida, la justicia, el mundo, el bien y la sabiduría, 

(Traducido de: Sf. Nicolae Velimirovici, Sf. Justin Popovici, Lupta pentru credință și alte scrieri, traducere de prof. Paul Bălan, Editura Rotonda, Pitești, 2011, pp. 126-127)