Palabras de espiritualidad

¡Cuidemos nuestro corazón y nuestra alma de los ataques del maligno!

  • Foto: Flavius Popa

    Foto: Flavius Popa

Translation and adaptation:

Que no oscurezca nuestra alma —esa ave celestial— ni la derribe con sus flechas envenenadas y mortales.

Se dice: si no hubiera mirado, no habría caído en la tentación; si no hubiera escuchado, tampoco mi corazón habría sido herido; si no hubiera probado, no se habría despertado el deseo. Observemos cuántas tentaciones nos vienen a través de la vista, el oído y el gusto. Cuántas personas han sufrido y sufren porque, al no tener una inclinación firme del corazón hacia las virtudes, han mirado sin precaución, con ojos impuros; han escuchado con oídos no acostumbrados a distinguir el bien del mal; han gustado con un deseo voraz.

Los sentidos del cuerpo, que es voraz y amante del pecado, cuando no son refrenados por la razón y por el cumplimiento de los mandamientos divinos, arrastran a los hombres a toda clase de pasiones, oscurecen su mente y su corazón, llenándolo de desasosiego, los hacen cautivos y endebles, esclavos de los sentidos.

¡Cuán prudentes debemos ser al mirar, oír, gustar, oler y tocar! O, mejor dicho, ¡cuánto debemos guardar nuestro corazón para que no se introduzca en él, como por ventanas abiertas, el pecado y la propia causa del pecado, que es el demonio! Que no oscurezca nuestra alma —esa ave celestial— ni la derribe con sus flechas envenenadas y mortales.

(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, Viaţa mea în Hristos, Editura Sophia, p. 85)