De cómo el amor disipa todo temor
“Aquel que teme no ha sido perfeccionado en el amor” (I Juan 4,18)
Cuando nos revestimos con toda la armadura de Dios, salimos victoriosos en todo, y hasta con gran facilidad. Todo se vuelve fácil cuando entramos en la Gracia Divina. Entonces somos más libres y más fuertes. La Gracia de Dios nos protege.
Si luchamos y nos enamoramos de Cristo, recibimos la Gracia Divina. Armados con esa Gracia, no tenemos nada que temer; el demonio nos ve y se aleja.
Y yo también, pobre de mí, humilde como soy, desde pequeño he procurado vivir de esta manera y tengo una cierta experiencia. No quería prestar atención a las asechanzas del enemigo; las pasaba por alto.
Al principio, sin embargo, recorrí otro camino. Me tendía en el suelo y decía que estaba muerto. Me esforzaba por imponerme el recuerdo de la muerte. Venían los demonios y, lleno de miedo, me decía a mí mismo: “Mantén encendido el recuerdo de la muerte; mantén encendido el recuerdo del infierno”.
Después dejé esa práctica. La viví y me fue útil. Es buena para los principiantes. Pero “Aquel que teme no ha sido perfeccionado en el amor” (I Juan 4,18)
(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003, pp. 249-250)
