De las tentaciones que surgen al cultivar una virtud
Ante la tentación, lo que correspondía era humillarte y reconocer tu propia fragilidad; así no te habrías turbado.
«Preguntas por qué te vino una tentación así durante la vigilia de toda la noche, justo cuando más deseabas orar con fervor.
Me parece que ocurrió por la confianza que pusiste en ti misma, porque querías orar y pensabas: “Voy a orar”. Y entonces se desató la tentación, porque toda buena obra va precedida o seguida por una prueba; sin ella, no adquiere firmeza ni estabilidad.
Ante la tentación, lo que correspondía era humillarte y reconocer tu propia fragilidad; así no te habrías turbado. Y si te turbaste, atribúyelo a ti misma y no a los demás.
La turbación nace de aquello que permanece oculto en nuestro corazón. Si culpamos a otra persona, nos engañamos, porque ella no hace más que poner de manifiesto el estado de nuestra alma. Y esto sucede, por la providencia y el cuidado de Dios, para nuestra propia enmienda y nuestro crecimiento espiritual».
(Traducido de: Sfântul Macarie de la Optina, Sfaturi pentru mireni, Editura Sophia, București, 2011, p. 33)
