Palabras de espiritualidad

De por qué la virtud en nosotros debe ser verdadera y no aparente

  • Foto: Stefan Cojocariu

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El Señor también reprende a algunos así en el Evangelio: “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas que se arrepienten van delante de vosotros al Reino de Dios” (Mateo 21, 31)

La virginidad tiene gran importancia ante Dios. La Santísima Virgen fue hecha digna de ser la Madre del Hijo de Dios más allá de toda ley natural y, por permanecer siempre Virgen, es llamada Santísima.

Sin embargo, no toda virginidad es buena ni digna de alabanza, como se ve en lo que el mismo Señor dijo en el Evangelio acerca de las diez doncellas: “Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas” (Mateo 25, 2). Es decir, las insensatas conservaban solo la virginidad exterior, pero por dentro se manchaban con pensamientos impuros y además se dejaban vencer por otras pasiones: el amor al dinero y la soberbia, la envidia y el odio, la ira y el rencor, y, en general, la falta de dominio de sí.

Por esto, el Señor también reprende a algunos así en el Evangelio: “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas que se arrepienten van delante de vosotros al Reino de Dios” (Mateo 21, 31); y aquellos que solo lo aparentan, “los que debían entrar al Reino serán arrojados a las tinieblas de afuera” (Mateo 8, 12).

(Traducido de: Sfântul Ambrozie de la Optina, Filocalia de la Optina, Editura Egumenița, Galați, 2009, p. 139)


 

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