Divulguemos la Palabra del Señor, a pesar de nuestras debilidades

 

Pero nadie debe perjudicar la palabra de Dios por descuido.

Muchos somos los que hablamos, pero pocos los que actuamos. Pero nadie debe perjudicar la palabra de Dios por descuido, sino reconocer su propia debilidad y no esconder la verdad de Dios. Con esto evitaremos hacernos culpables, no solamente de incumplir los mandamientos, sino también de desnaturalizar la palabra de Dios.

(Traducido de: Sfântul Maxim Mărturisitorul, Filocalia vol. II, Editura Apologeticum, 2005; p. 155)