El “anestesista” del maligno
Muchas veces, cuando llega la tentación, nos desconcierta y terminamos haciendo precisamente lo contrario de lo que prometimos. Comenzamos de una manera y acabamos de otra.
En una ocasión les dije a unos médicos con quienes conversaba acerca de la anestesia que administran durante las operaciones:
—La anestesia del maligno tiene consecuencias desastrosas para el hombre; en cambio, la que ustedes aplican sirve para sanar.
La anestesia del demonio es como el veneno que la serpiente arroja sobre los pájaros o los conejos para paralizarlos y tragárselos sin que puedan defenderse.
Cuando el demonio quiere combatir a una persona, primero envía a un diablillo “anestesista” para volverla insensible espiritualmente. Después va él mismo y la pellizca, es decir, hace con ella todo lo que quiere... Pero primero pasa el “anestesista”.
Nos inyecta la insensibilidad y, de ese modo, nos hace olvidar el cuidado de nuestra salvación.
Por ejemplo, nosotros, los monjes, hemos prometido soportar con paciencia las ofensas y las humillaciones. Sin embargo, muchas veces, cuando llega la tentación, nos desconcierta y terminamos haciendo precisamente lo contrario de lo que prometimos. Comenzamos de una manera y acabamos de otra. Salimos con un propósito, pero terminamos yendo en una dirección distinta. No nos mantenemos alerta.
(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Cuvinte duhovniceşti, Vol. II, Trezire duhovnicească, Editura Evanghelismos, București, 2003, p. 120)
