El ayuno nos ayuda a entender la necesidad que tenemos de Dios

 

Cuando sentimos el hambre del cuerpo, el cansancio y el agotamiento, esos sentimientos físicos pueden y tendrían que hacer volvernos a nuestro interior, conduciéndonos a un sentimiento de compunción y arrepentimiento.

El ayuno sigue siendo un acto de entrega a Dios. Elegimos vaciarnos de las cosas de este mundo, para poder estar más abiertos a la voluntad de Dios para con nosotros. Por eso, la Iglesia, desde los comienzos de su existencia, adoptó la práctica del ayuno, estableciendo su duración, así como los alimentos que se pueden consumir y en qué cantidad.

Además, el ayuno tiene también un rol maravilloso, el de hacernos conscientes en lo que respecta a nuestra necesidad de Dios. Cuando sentimos el hambre del cuerpo, el cansancio y el agotamiento, esos sentimientos físicos pueden y tendrían que hacer volvernos a nuestro interior, conduciéndonos a un sentimiento de compunción y arrepentimiento.

Si todo el tiempo comemos y bebemos hasta saciarnos, fácilmente podríamos terminar creyendo en la sola necesidad de nuestras propias fuerzas, llenándonos de un falso sentimiento de autosuficiencia. El hambre y el cansancio físico actúan de forma contraria. Nos llevan a hacernos “pobres de espíritu”, conscientes de nuestro desamparo y de nuestra necesidad del auxilio de Dios.

(Traducido de: Rita Madden, Hrana, credința și postul. O călătorie sacră spre o sănătate mai bună, Editura Doxologia, Iași, 2018, p. 97)

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