El deber más santo en este mundo
Cuando una mujer muere al dar a luz, muere sobre el altar del sacrificio. Se sacrifica por Cristo. Es una mártir, una testigo de Cristo.
El Santo Apóstol Pablo, la “boca” de Cristo, vaso escogido, dice lo siguiente cuando habla de la mujer: “Y ella se salvará por medio de la maternidad”. San Juan Crisóstomo, siguiendo la interpretación de San Pablo Apóstol, dice: “La mujer, cuando muere al dar a luz, muere sobre el altar del sacrificio”. ¡Es una mártir!
Precisamente por eso, la Iglesia prepara a la mujer para la muerte antes del parto. Puede haber estado privada de la Sagrada Comunión durante treinta años, pero si está embarazada, ya no se le puede negar la Comunión. La confiesas y le das la Comunión ante la posibilidad de la muerte, porque, especialmente en las mujeres jóvenes, los dolores del parto son como los del infierno. ¿Acaso no han escuchado lo que dice el Salterio? “Allí (en el infierno) hay dolores como los de la que da a luz”.
Muchas mueren entre los dolores del parto. Por eso la Iglesia, por medio de los Santos Padres iluminados por el Espíritu Santo, dice: “La mujer embarazada queda libre del veto y se le prepara para la muerte”, pues muchas cosas pueden suceder y puede morir; por eso es que no se le niega la Sagrada Comunión.
Y si sucede que muere, ella entrega su vida por su hijo: es una mártir, porque así nos lo enseñó el apóstol. Por aquellos dolores, Dios le perdona todos sus pecados y ella es una mártir, como una verdadera testigo de Cristo. (...)
Así se entendía entonces: si una mujer muere al dar a luz, muere cumpliendo su deber más santo en la tierra: ser madre de sus hijos.
(Traducido de: Arhimandrit Ilie Cleopa, Ne vorbește Părintele Cleopa, ediția a 2-a, vol. 3, Editura Mănăstirea Sihăstria, Vânători-Neamț, 2004, pp. 76-77)
¿Por qué hizo esto la Iglesia? Le permite recibir los Santos y Preciosos Dones, porque la está preparando para la muerte.
Por muchos pecados que tuviera una mujer embarazada, si muere después de haberse confesado y recibido la Santísima Eucaristía, todos, absolutamente todos sus pecados le son perdonados si muriera al dar a luz.
Cuando una mujer muere al dar a luz, muere sobre el altar del sacrificio. Se sacrifica por Cristo. Es una mártir, una testigo de Cristo.
Por eso fue que el Santo Apóstol Pablo dijo: “La mujer se salvará por medio de la maternidad”.
(Traducido de: Arhimandritul Ilie Cleopa, Ne vorbeşte părintele Cleopa, vol. 8, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2010, p. 17)
