El don de la mansedumbre
Los hombres dominados por la ira serán arrancados de su propia tierra.
La mansedumbre es una disposición inmutable del alma, por la cual permanece siempre igual, tanto en la honra como en la deshonra.
La mansedumbre consiste en permanecer serenos ante las ofensas que el prójimo dirige contra nosotros y en elevar por él oraciones sinceras. Es una roca en medio del mar de la ira: las olas chocan contra ella y se hacen pedazos, mientras ella permanece inconmovible.
La mansedumbre es sostén de la paciencia, puerta de entrada al amor o, mejor dicho, su madre; es fuente del discernimiento recto, pues dice el profeta: “El Señor muestra sus caminos a los mansos” (Salmos 24, 10). Es también causa del perdón de los pecados, confianza en la fuerza de la oración y templo vivo del Espíritu Santo.
El Señor reina en el corazón de los mansos; en cambio, el alma agitada y turbulenta es trono del maligno.
“Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra” (Mateo 5, 5); más aún, la poseerán verdaderamente, mientras que los hombres dominados por la ira serán arrancados de su propia tierra.
(Traducido de: Sfântul Ioan Scărarul, Scara Raiului, Editura Învierea, Traducere de mitropolit Nicolae Corneanu, 2007, pp. 281-282)
