El don de la quietud, de la paz perfecta
En lo que a nosotros respecta, no es posible esperar alcanzar la perfección si no padecemos junto con Cristo.
San Barsanufio dice: “Mientras el barco está en el mar, soporta la ira y la furia de los vientos. Pero cuando llega al puerto tranquilo y sereno, deja de temer a los peligros y los vientos, porque ahora descansa en calma. Así también tú, hermano monje: mientras permanezcas en el mundo, espera aflicciones, dificultades y las tempestades de los vientos de la mente. Pero cuando entres a la vida de la quietud absoluta, ya no tendrás por qué temer esos asaltos”.
La paz perfecta es la cruz en la que el hombre está llamado a crucificarse a sí mismo, junto con todas sus pasiones. Piensa que también nuestro Señor Jesucristo subió a la Cruz después de haber soportado calumnias y sufrimientos. Por lo tanto, en lo que a nosotros respecta, no es posible esperar alcanzar la perfección si no padecemos junto con Cristo.
Quien se esfuerce por alcanzar la quietud perfecta tendrá que recordar continuamente el propósito por el cual trabaja, para que su corazón no se vuelva hacia ninguna otra cosa.
(Traducido de: Un serafim printre oameni – Sfântul Serafim de Sarov, traducere din limba greacă Cristian Spătărelu, Editura Egumenița, 2005, pp. 318-319)
