El equilibrio en la práctica de la ascesis

 

Para la práctica de los cánones y las reglas ascéticas deben tomarse en cuenta las posibilidades de cada persona en particular. Todo lo que se hace con medida es inapreciable.

Es importante recordar que todos los cánones ascéticos —con su aparente variedad—, en conjunto deben expresar, de una forma u otra, el espíritu de la vida y de la ascesis. Por ejemplo, las disposiciones en lo que respecta al cuerpo son distintas, pero su esencia debe contener una sola cosa: la búsqueda del control y la templanza. Lo exterior no es importante, sino lo interior, el espíritu con el que actuamos.

Para la práctica de los cánones y las reglas ascéticas, entonces, deben tomarse en cuenta las posibilidades de cada persona en particular. Todo lo que se hace con medida es inapreciable. Luego, todo debe hacerse de manera tal que no se llegue al extremo de la severidad desmesurada, o la debilidad y la permisividad absoluta. Lo primero consume, sin ofrecer ningún provecho, en tanto que lo segundo estimula la dejadez y extingue el espíritu de perseverancia. En otras palabras, un canon prescrito con medida y equilibrio acendra el alma como una llama bien calibrada.

Con esto, se puede pasar gradualmente a otro canon. Así, el espíritu va madurando y haciéndose más resistente por medio de la práctica, y pronto empieza a pedir tareas más difíciles. En esa misma medida debe crecer el nivel de las disposiciones a seguir. El ayuno, la oración y el esfuerzo deben aumentarse poco a poco. En esa misma medida debe intensificarse la exigencia del canon. No avanzar es casi tan peligroso como retroceder, que es la peor amenaza.

(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Viaţa lăuntrică, Editura Sophia, București, 2000, p. 84)