Palabras de espiritualidad

El Evangelio como espejo de nuestra vida

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

El Evangelio nos manda orar por nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen, hacer el bien a quienes nos odian y perdonar al prójimo cualquier cosa que haga contra nosotros.

“La balanza falsa es abominación para el Señor, pero la pesa exacta le agrada” (Proverbios 11, 1).

El amor natural solo procura bienes terrenales para la persona amada; ni siquiera piensa en los bienes celestiales.

Se rebela contra el Cielo y contra el Espíritu Santo, porque el Espíritu exige la crucifixión de la carne. Se rebela contra el Cielo y contra el Espíritu Santo porque está sometido al dominio del espíritu maligno, del espíritu impuro y perdido. ¡Acerquémonos al Evangelio, amadísimo hermano, y contemplemos nuestro propio ser en este espejo! Al mirarnos en él, desechemos las vestiduras viejas con las que nos revistió la caída y ataviémonos con el vestido nuevo que Dios nos ha preparado.

El vestido nuevo es Cristo. “Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido” (Gálatas 3, 27). “Seréis revestidos de poder desde lo alto” (Lucas 24, 49), dijo el Señor refiriéndose a este vestido. Los cristianos se revisten de las cualidades de Cristo por la acción del Espíritu, que es todo bondad.

Para el cristiano es posible revestirse de este vestido. “Revestíos del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias” (Romanos 13, 14), dice el Apóstol.

En primer lugar, dejándose guiar por el Evangelio, renuncia a la enemistad, a la ira, a la condena del prójimo y a todo aquello que actúa directamente contra el amor.

El Evangelio nos manda orar por nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen, hacer el bien a quienes nos odian y perdonar al prójimo cualquier cosa que haga contra nosotros. Tú, que deseas seguir a Cristo, esfuérzate por cumplir todos estos mandamientos en la práctica.

(Traducido de: Sfântul Ignatie Briancianinov, Despre înșelare, Editura Egumenița, Galați, 2010, p. 139)