El hombre es la imagen de Dios

 

El hombre es la imagen de Dios y esa es la razón por qué Su hijo se hizo hombre: para restaurar Su Imagen. En los textos de los Santos Padres se desarrolla claramente esta idea.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

¿Qué podemos decirle a los que no creen en la vida después de la muerte?

—La gente no termina de creerlo, incluso hay muchos que dudan de la veracidad de un honor semejante, ése que nos prometieron los Santos Padres para la vida eterna, porque el maligno ya humilló a la humanidad frente a sus propios ojos. Sin embargo, sigue siendo un honor inconmensurable y así debemos creerlo: el hombre es la imagen de Dios y esa es la razón por la cual Su hijo se hizo hombre, para restaurar Su Imagen. En los textos de los Santos Padres se desarrolla claramente esta idea.

-—¿Pueden salvarse los pecadores que no se hayan arrepentido?

—La respuesta de esto es una verdad terrible: los pecadores que no se han arrepentido, después de morir pierden toda posibilidad de cambiarlo todo para bien, lo que significa que les corresponderá sufrir del castigo eterno (el pecado siempre significa tormento). Pero, ¿cómo se ha demostrado esto que acabo de mencionar? ¿Quién no sabe lo difícil que es para un pecador abandonar el camino equivocado, el del pecado, para dirigirse a la senda de las buenas obras, sin la gracia de Dios? ¡Qué profundamente se enraiza el pecado en el alma del pecador y en todo su ser, dándole a éste su apariencia y haciéndolo ver las cosas diferentes a como son en realidad, presentándoselas bajo un aspecto extremadamente atractivo! Por eso, podemos ver que hay muchos pecadores que no se dan cuenta que son manipulados, no se consideran a sí mismos grandes pecadores, porque el amor propio y el orgullo los han enceguecido. Y, cuando empiezan a reconocerse pecadores, caen en una diabólica desesperanza, llenándolos de una profunda oscuridad mental que amarga fuertemente su corazón.

(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, Cum ne mântuiește Dumnezeu, Editura Sophia, București, 2012, p. 11)

 

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