El orgullo puede enfermarnos muy sutilmente

 

‟El que sepa cuánto se humilló el Hijo de Dios por él, no se envanecerá; al contrario, lo hará el que no sepa esto”.

El orgullo puede actuar de una forma muy sutil, verdaderamente imperceptible para el hombre que carece de una verdadera vida espiritual. Por ejemplo, esta pasión se puede manifestar indirectamente cuando el individuo no puede soportar la vanidad de otro que sufre de lo mismo.

El origen de esta pasión está en el desconocimiento de Dios: “El que conozca a Dios de la forma en que debe conocérsele, el que sepa cuánto se humilló el Hijo de Dios por él, no se envanecerá; al contrario, lo hará el que no sepa esto”.

Fuentes del orgullo pueden ser, igualmente, el conocimiento y los dones que no van acompañados del amor. Por ejemplo, en tiempos del Santo Apóstol Pablo, los cristianos de Corinto se jactaban mutuamente de sus carismas espirituales, compitiendo en conocimientos filosóficos. Ese orgullo enfermizo provocó un sinfín de anomalías en la Iglesia.

(Traducido de: Cum să biruim mândria, traducere din limba rusă de Adrian Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, București, 2010, p. 62)

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