Ella es toda bondad
Si nosotros mismos no velamos por nuestra propia vida espiritual, tampoco la Madre del Señor intercederá por nosotros ante Dios, pues no seremos dignos de ello.
Hermanos, oren a la Madre de Dios cada vez que en su hogar brote la tormenta de la discordia y la maldad. Ella es toda bondad, siempre está dispuesta a socorrer y puede traer, mejor que nadie, la paz a los corazones. La paz y el amor proceden únicamente de Dios, de su única Fuente; y nuestra Señora, unida a Dios en Dios, como Madre de Cristo, el Señor de la Paz, se afana y ruega por la paz del mundo entero y, de manera especial, por la paz de todos los cristianos.
Ella tiene el poder para alejar de nosotros a los espíritus malignos de lo etéreo, que sin descanso y con insistencia buscan sembrar entre los hombres la maldad y la enemistad. Asimismo, puede conceder prontamente la paz y el amor a quienes acuden con fe y amor al amparo de su protección.
Esforcémonos, pues, en conservar la fe y el amor en nuestro corazón, porque, si nosotros mismos no velamos por nuestra propia vida espiritual, tampoco la Madre del Señor intercederá por nosotros ante Dios, pues no seremos dignos de ello. Honremos siempre, con fervor y devoción, a la Madre del Altísimo.
Porque “es verdaderamente digno bendecirte”, a ti, la Madre de Dios, “siempre bienaventurada e inmaculada”, más honorable que toda la creación e intercesora de la humanidad.
Esforcémonos en cultivar un espíritu de humildad, porque ella misma es más humilde que cualquier otro ser humano y vuelve con amor su mirada únicamente hacia los humildes.
(Traducido de: Sfântul Ioan de Kronstadt, Viața mea în Hristos, Editura Sophia, p. 163-164)
