Elogio de la práctica de la oración

 

La práctica de la oración es algo más excelso que la teología, que contempla lo que es divino en lo creado, en tanto que la oración une al alma con Dios, de una forma inenarrable y que va más allá del conocimeinto.

Zaqueo el publicano es quien grava la creación de Dios por su propio placer. Pero, al escuchar que el Verbo va pasando por donde está él, corre a subirse a un sicómoro, y en ese lugar nace en él la contrición. Y esta lo convence de subir más allá del razonamiento humano, porque esto es lo que representa el sicómoro.  Y desde ahí verá directamente al Verbo y lo escuchará decirle: “Baja enseguida”, es decir, “si estás sediento de recibirme enteramente en tu casa, no pienses que basta con elevarte más allá de tu mente, sino que tienes que hacerte un camino hacia Mí, con el trabajo de las virtudes”. Y el hecho de haber devuelto cuatro veces lo obtenido arbitrariamente, demestra que recibe un provecho de las cuatro virtudes naturales para la realización de buenas acciones, porque aparta de sí mismo la acción del pecado, la voluntad de pecar y la preocupación con recuerdos y figuraciones banales.

De esta manera, aparta la acción del pecado con la templanza; el consentimiento con el discernimiento, la atención y el cuidado de los pensamientos; los recuerdos, con las lecturas santas, y las figuraciones banales con la oración incesante. Sea que se hable de la acción práctica, teológica, natural o de la oración. Porque la práctica de la oración es algo más excelso que la teología, que contempla lo que es divino en lo creado, en tanto que la oración une al alma con Dios, de una forma inenarrable y que va más allá del conocimeinto.

(Traducido de: Sfântul Maxim MărturisitorulÎntrebări și nedumeriri, Editura Doxologia, Iași, 2012, p. 113)