¿Es suficiente con la oración que hacemos en casa?

 

Así medimos la calidad de nuestra oración: si ella nos lleva a la Casa del Señor, allí donde Él habita, allí donde Él mismo viene, donde Él mismo se sacrifica, donde nuestros hermanos oran juntos —porque donde hay dos o tres también Él está entre nosotros— significa que oramos en el Espíritu de Dios...

Muchos, para no ir a la Iglesia, argumentan que los oficios son demasiado largos, incluso la Divina Liturgia. ¿Es suficiente con la oración que hacemos en casa?

—La oración que hacemos en casa es muy buena, pero si no amamos la Iglesia, no sé para qué nos pueda servir. No sé que haremos con la oración de casa... ¿Qué quiero decir con esto? ¿Qué hubiera pasado si, contruyendo Noé el arca, algunos hubieran empezado también a fabricarse barriles para salvarse cuando apareciera el diluvio? ¡Ven y súbete al arca, que es más seguro! No puedes construirte una barca de salvación con una sola tabla, un arca no se hace con un solo pedazo de madera. ¡El que no ama la Iglesia, el que no ama la Liturgia, que no se engañe sólo porque ora en casa! No sé qué clase de espíritu le enseña tal oración, si no ama la Liturgia. Algo así no puede ser. ¿Cómo puede haber algo así? ¿Qué clase de oración es esa? La oración, si es correcta y dirigida a Dios y a Su Espíritu, cuestiona al hombre y el primer lugar a dónde lo llevará es la Iglesia. “El Señor está en Su templo santo” (Salmo 10, 4). Hacia allí lo llevará, si ora correctamente. Pero si su oración no lo lleva a la Iglesia, pues, perdónenme, pero es que hay tantos que dicen que oran... pero no todo el que dice “Señor, Señor” será recibido, nos dice Cristo.

Así medimos la calidad de nuestra oración: si ella nos lleva a la Casa del Señor, allí donde Él habita, allí donde Él mismo viene, donde Él mismo se sacrifica, donde nuestros hermanos oran juntos —porque donde hay dos o tres también Él está entre nosotros— significa que oramos en el Espíritu de Dios. Nosotros, que nos alejamos de nuestros hermanos con altivez, por orgullo, con desprecio, ¿cómo creemos que podremos llamar a Aquel que es benévolo, humilde y que nos ha dejado el mandamiento de amarnos unos a otros? La oración correcta no puede venir nunca a tal clase de personas. No obstante, puede venir con una prueba fuerte, haciéndoles ver que no hacen bien, que no es correcta su forma de pensar, haciéndoles volver a la Iglesia. Allí encontramos la salvación, porque ahora tenemos iglesias, gracias a Dios y Él se ofrece de forma plena a todos los que Lo buscan. ¡Vayamos, entonces, a la iglesia!

(Traducido de: Ieromonah Savatie Baștovoi, Singuri în fața libertății, Editura Cathisma, București, 2009, pp. 111-113)

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