Esto sucede al empezar a cultivar las virtudes
«El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Y quien no quiera vivir en descanso, perdiendo su alma por Mí, ese la hallará» (Marcos 8,34).
Cuando empieces a trabajar la virtud, no te extrañes si desde todas partes se levantan contra ti tribulaciones duras y severas. Porque no se llama virtud aquella que no va acompañada de dificultades en su ejercicio. La virtud toma precisamente de ahí su nombre, como dice San Juan: sobre la virtud suelen caer las tribulaciones; y la virtud se desfigura cuando quien la practica busca respiro y descanso.
También Marcos el Monje dijo: «Toda virtud que se practica se llama Cruz cuando cumple el mandamiento del Espíritu». Por eso, «todos los que quieren vivir piadosamente serán perseguidos en (el nombre de) Jesucristo» (II Timoteo 3,12). Y: «El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Y quien no quiera vivir en descanso, perdiendo su alma por Mí, ese la hallará» (Marcos 8,34).
He aquí, pues, por qué el Señor se te adelantó y puso ante ti la Cruz: para que pronuncies sobre ti mismo una sentencia de muerte y envíes tu alma a salir a Su encuentro.
(Traducido de: Sfântul Isaac Sirul, Cuvinte despre nevoință, Editura Bunavestire, Bacău, 1997, p. 93)
