Guías para la vida del cristiano

 

Cuando perdamos algo, digamos: “Del mismo modo líbrame, Señor, de todos los malos pensamientos que tengo sobre mi semejante”.

Sea que anochezca o que venga el amanecer, el jazmín sigue siendo blanco. En griego, la palabra jazmín se pronuncia “yassemi”, que significa “existo para Ti” (ya se eimi).

Si algo nos sale mal, no nos preguntemos quién es el culpable, porque sólo nosotros mismos lo somos. Si así lo pedimos con nuestra oración, descubriremos la causa. O es que no hemos amado como debíamos, o hemos infringido algún otro mandamiento, o hemos emprendido algo errado. ¿O es que hemos tratado de someter a alguien?

Cuando perdamos algo, digamos: “Del mismo modo líbrame, Señor, de todos los malos pensamientos que tengo sobre mi semejante”.

La preocupación es algo propio de los que no tienen fe.

El amor se halla solamente allí arriba, en la Cruz.

Las relaciones se complican cuando “Yo” está sobre “Tú”.

Dios te ama a ti de la misma forma en que ama a tus enemigos.

¿Quieres orar? Prepárate para responderle en silencio al Señor.

Muchas personas devienen en instrumentos de las fuerzas de la oscuridad, con el permiso de Dios, para acrisolarnos y que podamos crecer.

No te perturbes, porque la agitación aparta cualquier ayuda.

Si alguien consigue vivir con el mundo, como el aceite y el agua en la lamparilla, que no se mezclan, es que está en Dios. Vive en el mundo, pero es como si no fuera del mundo.