Palabras de espiritualidad

La desidia que nos condena

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

El cumplimiento de los mandamientos es la condición del crecimiento del hombre nuevo, de la adquisición de su semejanza con Dios.

El espíritu de la pereza no es simple molicie corporal. Desde el principio, el hombre fue llamado al trabajo; el trabajo es una necesidad natural para procurarse lo indispensable para la vida: alimento, vivienda, vestido.

San Efrén piensa nos habla de una forma de pereza mucho más dañina: la de no cumplir los mandamientos de Dios. “Dios se oculta en Sus mandamientos”, dicen los Padres (San Marcos el Asceta) y se revela en la medida en que estos son puestos en práctica.

El cumplimiento de los mandamientos es, por tanto, la condición del crecimiento del hombre nuevo, de la adquisición de su semejanza con Dios. Todo hombre está llamado a ser santo, a ser dios por la Gracia; y si no todos llegan a ello, es a causa de la negligencia y la pereza, que son directamente contrarias al crecimiento del hombre espiritual: rechazo del propio desarrollo, encierro en la imperfección.

(Traducido de: Ieromonahul Petroniu Tănase, Chemarea Sfintei Ortodoxii, Editura Bizantină, București, 2006, p. 68)

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