La felicidad que nos da ser humildes
¿Acaso se nos olvida que estos son los valores más grandes, tanto en el monasterio como en el mundo? Hay personas que llevan una vida secreta, interior, espiritual, pero que, por lo demás, viven en la pobreza.
¿Las palabras del Señor: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” tienen relación con la humildad?
—¡Precisamente de ellos está hablando! ¡Bienaventurados los humildes! Y esto es así porque, te lo digo, quien es humilde se identifica con Cristo. Pues Él se humilló y continúa humillándose sin cesar. Quien se ha humillado está en unión con Él. ¡Dichoso de él! Es humilde y sigue adelante con su vida, sin dejar de recorrer su camino, aunque todo el mundo lo humille. ¿Acaso se nos olvida que estos son los valores más grandes, tanto en el monasterio como en el mundo? Hay personas que llevan una vida secreta, interior, espiritual, pero que, por lo demás, viven en la pobreza.
San Demetrio Basarabov, patrono de Bucarest, fue pastor de vacas en el pueblo de Basarabov, en Bulgaria. Andaba con los pies envueltos en trapos, porque no tenía calzado, y los niños se burlaban de él. Ya saben cómo son los niños: inquietos, traviesos y todo lo demás. Un día, mientras cuidaba el ganado, pisó un nido de pájaros y, sin querer, mató a los polluelos. Naturalmente, lo lamentó muchísimo y castigó aquel pie, prohibiéndose cubrirlo siquiera con aquellos trapos. ¡Miren qué fortaleza, qué deseo de ser un hombre de Dios! Era pobre de espíritu, pero rico de alma ante Dios.
Precisamente acabamos de escuchar el Evangelio del hombre rico y el pobre Lázaro. ¡Imagínense qué bienaventuranza la suya! Aquel hombre, Lázaro, sufría por Dios, pero no se quejaba. No bastaba con sufrir: ¡no se quejaba! Porque a quienes padecen, Dios les concede la gracia de creer y de ser soldados de Cristo.
(Traducido de: Ne vorbește Părintele Arsenie, ed. a 2-a, vol. 1, Editura Mănăstirea Sihăstria, 2010, pp. 92-93)
