La fuerza del amor a nuestros enemigos
Parece que quisiéramos odiarnos más de lo que estamos llamados a amarnos.
La única farmacia en la que el medicamento y el médico son uno mismo —pharmakon, como se diría en griego— es la Iglesia y Cristo es el único Médico y Medicamento que puede dar salud. La fuerza del Evangelio consiste en el amor a los enemigos, en un mundo en que ya no conseguimos amarnos entre nosotros, en las familias. Tampoco somos capaces de amarnos en la Iglesia. No somos capaces de amarnos entre nosotros, quienes repartimos responsabilidades por amor a nuestra gente.
Creo que el Evangelio nos enseña a observar atentamente y con gran responsabilidad los deberes que asumimos. Hemos transformado a nuestro propio pueblo en nuestro propio enemigo, una y otra vez. Hemos convertido a los alumnos en adversarios de los maestros, a los estudiantes en adversarios de sus profesores, a los fieles en adversarios de los sacerdotes; y seguimos jugando a disponer unos grupos frente a otros, como si quisiéramos odiarnos más de lo que estamos llamados a amarnos
(Traducido de: Părintele Constantin Necula, Alexandru Rusu, Farmacia de cuvinte, Editura Agnos, Sibiu, 2014, p. 41)
