La importancia de dar el primer paso en el arrepentimiento
El conocimiento de los pecados cometidos obra nuestro regreso a la Casa del Padre. Ese sentimiento es fundamental en nuestra vida espiritual, a tal grado que los Santos Padres afirman: “La contrición significa conocer nuestras faltas”.
La conciencia de nuestro estado de pecadores constituye el primer estadio de la contrición. “El que ha pecado, entiende que ha obrado mal ante el Señor, (por eso) se arrepiente y no vuelve a cometer dicha falta”. Ciertamente, “la conciencia de nuestras caídas precede al arrepentimiento, y esta situación es la más grande ocasión para atraer la misericordia divina. Por eso, el profeta David le dice a Dios: ¡Apiádate, oh Dios, porque yo conozco mi iniquidad!”. Así, con el conocimiento de su propio pecado, el hombre atrae la misericordia de Dios”.
El Señor está siempre dispuesto a recibir nuestro arrepentimiento. La conciencia de su estado de pecadora fue lo que le abrió las puertas de la Iglesia de la Resurrección a María Egipcíaca, dando paso a su propia resurrección espiritual. La maravillosa redención de la venerable María queda descrita en el tropario: “Oh, Venerable María, al principio, el olor de la impureza que portabas te impedía ver los Santísimos Misterios, pero, hecha sabia por Dios, el sentimiento y el conocimiento de las infamias del mal obraron en ti para que volvieras a lo que es excelso”.
El conocimiento de los pecados cometidos obra nuestro regreso a la Casa del Padre. Ese sentimiento es fundamental en nuestra vida espiritual, a tal grado que los Santos Padres afirman: “La contrición significa conocer nuestras faltas”. Igual de importante en este camino al arrepentimiento es que el hombre sienta la debilidad de sus fuerzas espirituales. El Señor dijo: “Sin Mí no podéis hacer nada” (Juan 15, 5). Por eso, según el abbá Isaac, “dichoso el hombre que conoce su enfermedad espiritual. Porque ese conocimiento se convierte en el cimiento, la raíz y el comienzo de todo bien”.
Después, la misericordia de Dios viene sobre el hombre y este empieza su trayecto hacia el Padre, Quien es Bondadoso y amoroso con la humanidad.
(Traducido de: Arhimandritul Grigorie, Pocăința Fiului și iubirea Tatălui, Editura Cartea Ortodox, 2011, p. 44)