La importancia de ordenar nuestra vida espiritual
¿De qué otra manera podrás vencer tu propia voluntad y la excesiva confianza en tu propio criterio, esas inclinaciones tan extremadamente peligrosas?
La vida en general, y sobre todo la vida espiritual, no puede crecer y avanzar de manera uniforme, gradual y armoniosa, sin la ayuda de una regla. A un bebé se le envuelve en pañales para que no crezca encorvado; del mismo modo debemos hacer con la vida espiritual: “envolverla” en reglas, con mucha prudencia y discernimiento, para que crezca de manera ordenada y armoniosa.
Una norma sensata pone freno a todos los impulsos desordenados que podrían apartarnos de nuestra labor y alterar por completo el orden de las cosas, llevándonos en una dirección equivocada, como sucede, por ejemplo, con el ayuno exagerado. A una planta joven se le rodea de varas o se le ata a otra más fuerte, para que pueda mantenerse erguida y crecer correctamente.
Quien crece sin ninguna regla sigue siendo un inexperto y carece de formación; no sabe hacer casi nada y, aun aquello que sabe hacer, lo hace mal. Aún más: lo que hace siguiendo una norma, lo hace fuera de tiempo o lugar.
Este peligro no debe tomarse en absoluto a la ligera: sin una regla, sin un apoyo, el inexperto se viene abajo y las caídas sobrevienen inmediatamente. Para él, toda la labor depende de la presencia de ánimo, de la capacidad de discernir y de la voluntad. Pero ¿cómo puedes creer que estas sean bases firmes sobre las cuales puedas edificar en todo momento?
No puedes conservar continuamente la misma presencia de ánimo; y la capacidad de discernir necesita mucho consejo y, además, no está siempre despierta y activa: puede equivocarse con mucha facilidad. Y muéstrame a alguien que tenga una determinación firme e inagotable para siempre.
Por eso, allí donde no existe una regla, aparecen inmediatamente las desviaciones, los errores, las omisiones y las interrupciones. Las reglas, en cambio, cumplen esta función: quieras o no quieras, sigues adelante conforme a la regla y progresas; no hay interrupciones ni rupturas del ritmo, sino que la obra continúa avanzando.
Y hay algo más: ¿de qué otra manera podrás vencer tu propia voluntad y la excesiva confianza en tu propio criterio, esas inclinaciones tan extremadamente peligrosas?
(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Calea spre mântuire, Editura Bunavestire, Bacău, 1999, p. 110)
