Palabras de espiritualidad

La Madre del Señor atiende nuestras fervientes súplicas

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

Nadie puede escapar, en esta vida, de las lágrimas y las tribulaciones; aquí el hombre conoce más penas y desgracias que alegrías.

Amados hermanos y hermanas, nuestra vida terrena está llena de aflicciones y sufrimientos. No en vano se dice constantemente que es “un valle de lágrimas”. El hombre nace entre llantos y parte hacia la otra vida en medio de muchos suspiros y dolores. Nadie puede escapar, en esta vida, de las lágrimas y las tribulaciones; aquí el hombre conoce más penas y desgracias que alegrías.

La Santa Iglesia de Cristo conoce innumerables casos en los que la Santísima Madre de Dios ha librado a los hombres de toda clase de dificultades. Roguémosle, pues, que también en este momento escuche nuestras súplicas y nos libre de toda aflicción y desgracia; que nos purifique de todo pecado y de toda pasión, y nos haga dignos de alcanzar la alegría en el Reino eterno de su Hijo, para que siempre le aclamemos con amor: ¡Alégrate, oh toda bondad, pronta oyente de nuestras súplicas, Tú que con benevolencia concedes cuanto te pedimos! Amén.

(Traducido de: Arhimandritul Chiril Pavlov, Lauda Maicii Domnului, Editura Egumenița, Galați, 2012, p. 29)