La necesidad de ordenar nuestra oración
Así como sin cuerpo el ser humano no está completo, del mismo modo, sin una regla de oración, la oración no está completa.
Nuestro canon de oraciones es como un muro infranqueable. La oración es la obra interior, y la regla de oración es la obra exterior. Así como sin cuerpo el ser humano no está completo, del mismo modo, sin una regla de oración, la oración no está completa. Ambas deben estar presentes, y según nuestras fuerzas, debemos cumplirlas.
Es ley que oremos por dentro y que oremos en todo tiempo y en todo lugar. La lectura de las oraciones no puede realizarse sin determinar un tiempo, un lugar y una medida. El establecimiento de estos tres elementos constituye la regla de oración. Y aquí la guía es el recto discernimiento: cuándo, dónde, cuánto permanecer en oración y qué oraciones realizar; cada uno puede decidirlo según las circunstancias: hacer más o menos, cambiar la hora o el lugar; fijarlo todo de tal modo que la oración interior se cumpla como es debido.
Y en cuanto a la oración interior, hay una sola regla: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5, 17).
(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Rugăciunea, traducere de Florentina Cristea, Editura Egumenița, Galați, 2008, p. 77)
