Palabras de espiritualidad

La verdadera dimensión del tiempo, en nuestro camino a Dios

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

La eternidad acoge al tiempo en sí misma: es decir, Dios acepta a la criatura, que vive en el tiempo, en Su eternidad.

Dios creó al hombre “a Su imagen y semejanza” (Génesis 1, 26) para la deificación. El recorrido de esta “distancia espiritual” implica el tiempo; el tiempo se convierte, así, en la condición esencial de este ascenso.

En la fe ortodoxa, el tiempo es visto como un intervalo entre la llamada de Dios y la respuesta del hombre en el amor. Aunque nosotros, como criaturas humanas, somos seres mortales, somos al mismo tiempo fortalecidos por la Gracia de Dios para trascendernos a nosotros mismos. Este acto implica el tiempo: el pasado, con el desagrado por lo que hemos sido hasta ahora y por el grado en que nos hemos entregado; y el futuro, con la tendencia a ser más.

Dios se ofrece a Sí mismo a Sus criaturas, colocándose a Sí mismo en actitud de espera. Así, la eternidad acoge al tiempo en sí misma: es decir, Dios acepta a la criatura, que vive en el tiempo, en Su eternidad.

(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Tâlcuiri din Sfânta Scriptură pentru fiecare zi din an, Traducere din limba rusă de Adrian şi Xenia Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, 2011, p. 3)


 

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