Palabras de espiritualidad

La virginidad, ¿un obstáculo a la hora de encontrar prometido?

    • Foto: Oana Nechifor

      Foto: Oana Nechifor

El matrimonio fue creado por Dios, pensando en hacer de la familia una pequeña Iglesia. Las chicas cristianas le pedían al Señor y a la Virgen María que les dieran un esposo, guardándose para él y embelleciéndose con modestia, pureza y humildad, cual dote. Antiguamente se decía “la modestia es el adorno de la mujer” y por eso es que las familias de ese entonces tenía otra forma de vivir.

“Me siento acomplejada. Tengo 21 años y muchas de mis amigas ya se casaron, algunas hasta ya tienen hijos. Soy virgen aún y muchas personas me han dicho que eso ya no se acostumbra y que si sigo así, nunca podré casarme. Sé que el desenfreno es pecado, pero ¿qué puedo hacer?” (Verónica)

—No te dejes manipular. Como bien dices, el desenfreno es pecado. Peor aún, es un pecado mortal, que lleva el alma a la oscuridad del infierno. Sólo el arrepentimiento profundo y el deseo de rectificar pueden reunir el alma con Dios y con Su Santa Iglesia.

El desenfreno priva al hombre de la gracia de Dios. Sin ésta, el que vive en desenfreno se priva también de la paz espiritual. Por eso, usualmente los que viven en desenfreno son personas neuróticas, intranquilas. Es también por eso que necesitan buscar, incesantemente, nuevas aventuras y placeres.

El desenfreno priva al hombre de la posibilidad de amar realmente. La mayoría de veces, los que cometen tal pecado son incapaces de formar una familia estable y procrear hijos sanos, moralmente hablando. De más está mencionar otro tipo de situaciones vinculadas a esta forma de pecar, como el SIDA, las enfermedades venéreas, los abortos y la infertilidad.

Ahora, volvamos a esas amigas tuyas más “avanzadas” en el tema. Así como la oscuridad no tiene relación con la luz, lo mismo la virginidad, para el que vive en desenfreno, es como una amonestación, algo que le perturba la consciencia. Por eso, a tus amigas les molesta que les hables de la pureza y quisieran medirte con su propia medida.

El matrimonio fue creado por Dios, pensando en hacer de la familia una pequeña Iglesia. Las chicas cristianas le pedían al Señor y a la Virgen María que les dieran un esposo, guardándose para él y embelleciéndose con modestia, pureza y humildad, cual dote. Antiguamente se decía “la modestia es el adorno de la mujer” y por eso es que las familias de ese entonces tenía otra forma de vivir.

(Traducido de: Dr. Dimitri Avdeev, Ioana Besedina, Femeia și problemele ei: perspectiva psihiatrului ortodox, traducere din limba rusă de Eugeniu Rigoti și Adrian Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, București, 2011, pp. 17-19) 



 

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