Las formas al alcance de los padres para corregir a sus hijos
Muchas veces basta con una mirada severa o triste para reprenderlo y hacerle comprender que está obrando mal.
Si entre los hijos y los padres se ha establecido una relación de amor, y el niño confía en sus padres y los respeta, muchas veces basta con una mirada severa o triste para reprenderlo y hacerle comprender que está obrando mal.
Al leer la vida de San Siluano, nos enteramos de que, en su juventud, un día cayó en pecado. Al día siguiente, su padre le preguntó:
—¿Dónde estuviste anoche, hijo mío? Mi corazón se sentía inquieto por ti.
Sus palabras llenas de ternura llegaron hasta lo más profundo del corazón de San Siluano.
En otra ocasión, San Siluano tenía que preparar el almuerzo para quienes trabajaban en la siega. Era viernes, pero a él se le olvidó este detalle tan importante y les dio carne para comer. Su padre esperó seis meses antes de preguntarle:
—Hijo, ¿te acuerdas de aquella vez que nos diste carne de cerdo para comer un viernes, cuando trabajábamos en el campo? La comimos, pero debes saber que sabía a carroña.
—Pero ¿por qué no me lo dijiste entonces?
—No quería entristecerte, hijo mío.
Aquí ya no se trata de una simple indulgencia, sino del fruto de una relación profunda, cimentada en la confianza y el respeto.
(Traducido de: Maica Magdalena, Sfaturi pentru o educație ortodoxă a copiilor de azi, Editura Deisis, Sibiu, 2006, p. 42)
