Palabras de espiritualidad

Lo que representa nuestra oración por los demás

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Translation and adaptation:

“Bendito sea el monje que asume la salvación y el avance espiritual de los demás como si fueran suyos”.

El hombre que ora por los demás y es capaz de verse a sí mismo como un ser inferior a ellos, mientras cultiva un vínculo auténtico con sus semejantes, ajeno a cualquier pasión espiritual y a todo egoísmo, es imposible que no se alegre al ver cómo el otro crece en las virtudes del alma. “Bendito sea el monje que asume la salvación y el avance espiritual de los demás como si fueran suyos”. El creyente que ora, logra, con la ayuda de sus plegarias y de la Gracia que estas le dan, unirse profundamente con los demás, interiormente, espiritualmente, y no en lo exterior. No solamente con aquellos a quienes conoce o con quienes tiene cierta relación, sino con todos los demás, aunque no lo conozcan y aunque no haya manifestado sus sentimientos frente a ellos.

La falta de envidia en el alma que ama y es humilde, del creyente que ora en verdad, es algo que este transmite a los corazones de los demás. Y hace que sus corazones se unan al suyo y une sus sentidos espirituales con los suyos. Esto, sin valerse de palabras empalagosas o endulcoradas, como vemos en quienes se contentan representando un drama de mal gusto. La fuerza de su oración hace que el creyente se vuelva una suerte de hermano “siamés” de los demás, porque lo que siente por ellos es real, natural y libre de hipocresía. Esta visión la acentúa fuertemente San Nilo, cuando dice que, quien ora vive separado, pero, al mismo tiempo, unido con todos los demás.

(Traducido de: Arhimandrit  Evsevios Vitti, Despre rugăciune. Tâlcuiri la Sfântul Nil, Editura Sf. Nectarie, pp. 140-141)