Luchar por alcanzar y conservar las virtudes
El conocimiento de sí mismo hace al cristiano mucho más sabio que los demás hombres. Se vuelve humilde y, al mismo tiempo, recibe la Gracia del Espíritu Santo.
El anciano Porfirio decía: «Cuando Cristo viene a llenar toda la casa de nuestro corazón, todos los problemas, todos los extravíos y todas las inquietudes desaparecen. Y también el pecado desaparece».
A un teólogo que sostenía que el cristiano debe ser un hombre de acción, el anciano Joel le respondió: «¡Pobre de ti! ¿Podrás dejar de lado por un momento la agitación y la acción para ocuparte un poco de tu propia purificación? ¡Vivimos inmersos en una gran agitación y buscamos estar activos todo el tiempo, pero, al mismo tiempo, hemos dejado nuestra alma en el abandono! Purifica tu alma de las pasiones mediante una labor profunda, y entonces lo que ofrezcas a tu prójimo no lo ofrecerás desde el vacío de tu alma, sino desde tu riqueza interior».
La lucha espiritual debe librarse con celo. El anciano Ántimo decía: «El fervor y la negligencia son dos fuerzas poderosas. Una nos une a Dios y la otra nos separa de Él. El celo es como un hierro al rojo vivo; la negligencia es como un hierro frío: con éste no se puede hacer nada, mientras que el hierro encendido es fácil de moldear».
El conocimiento de sí mismo hace sabio al hombre. El anciano José decía: «El conocimiento de sí mismo hace al cristiano mucho más sabio que los demás hombres. Se vuelve humilde y, al mismo tiempo, recibe la Gracia del Espíritu Santo».
(Traducido de: Î.P.S. Andrei Andreicuţ, Mai putem trăi frumos?, Editura Renaşterea, Cluj-Napoca, 2012, pp. 108-109)
